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El Distrito Nacional sin energía eléctrica, sin agua y en “emergencia nacional”

Durante el mes de mayo, los municipios del Distrito Nacional vivimos una tormenta perfecta: extensos apagones, escasez de agua potable y una declaratoria de “emergencia nacional” con características sanitarias por la acumulación de basura.

Lo más alarmante es que no se trata de hechos aislados. Estamos frente a una crisis estructural que evidencia una fragilidad profunda en la gestión de servicios esenciales. El Distrito Nacional, corazón político y económico del país, está literalmente colapsando, sintiéndose sobre todo en estos últimos meses donde todo ocurrió de manera simultánea.

Apagones sin calendario ni compasión

La capital dominicana ha estado a oscuras. Durante semanas, sectores como Capotillo, Guachupita, La Zurza y 24 de Abril han sufrido apagones de entre tres y seis horas diarias. Estos cortes no solo afectan a los hogares; impactan clínicas, centros educativos, pequeños comercios, colmados y salones de belleza.

Las empresas eléctricas justifican los apagones con mantenimientos en las subestaciones. Pero ¿cómo es posible que estos trabajos coincidan con una ola de calor y una crisis de agua? La falta de previsión y planificación es evidente, y quienes más sufren son los de siempre: los barrios marginados y trabajadores informales que dependen de la electricidad para sobrevivir.

La escasez de agua: ¿gestión o negligencia?

La CAASD ha declarado que los niveles de las presas de Valdesia y Jigüey están muy por debajo de lo normal. Sin embargo, hay preguntas que no han recibido respuesta: ¿cómo puede ser que, luego de lluvias significativas en abril y mayo en provincias como San José de Ocoa y San Cristóbal —zonas que alimentan esas presas—, estemos enfrentando esta crisis? ¿Se desperdició el agua? ¿Faltó previsión técnica? ¿Se turbinó en exceso?

Mientras tanto, en barrios del Distrito Nacional la gente hace filas interminables para llenar tanques. Y mientras esto ocurre, las autoridades no presentan un plan real, ni de contingencia, ni de largo plazo, se entiende que el camión cisterna regalando el agua es la solución.

Basura acumulada y emergencia mal declarada

Como si fuera poco, el presidente Luis Abinader declaró en emergencia nacional el Distrito Nacional para permitir contrataciones excepcionales por más de dos mil millones de pesos en el manejo de residuos sólidos. Pero como es posible que esto se realice sin consultar al Concejo de Regidores, como lo establece la Ley 176-07. Y aquí hay que hablar claro: la ley de compras y contrataciones especifica que el retraso de un funcionario en sus funciones no puede validar un proceso de urgencia y que este sea una excusa para saltarse los procesos institucionales ni para firmar contratos mediante la modalidad de excepción.

No se trata de si los residuos sólidos se recogen o no. Se trata de cómo se toman las decisiones públicas y de si los ciudadanos pueden confiar en que estas responden a una lógica de bien común y no de oportunidad política o económica.

No vamos bien

Hay discursos oficiales que nos quieren convencer de que el país avanza, de que estamos mejor que antes. Pero la realidad golpea en la cara: cuando la capital de la República retrocede a condiciones de los años 90 —sin luz, sin agua y en emergencia sanitaria—, lo que queda claro es que no vamos bien .

Peor aún, quienes hoy gobiernan tanto el gobierno central como el local (PRM) no pueden culpar a terceros. Tienen el poder, tienen los recursos y tienen la responsabilidad. La situación actual no es culpa de la oposición, ni del clima, ni de la historia. Es resultado directo de una gestión deficiente y con muchas falencias en lo que a planificación se refiere.

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